Nunca había sucedido algo semejante en el México independiente. Durante la época de la Colonia la Inquisición (que de “santa” no tenía absolutamente nada y sí mucho de criminal; no olvidemos que Dios no necesita que nadie le defienda, él busca quien responda a su amor y le obedezca) asesinó, esa es la palabra correcta, a algunos cientos de novo-hispanos —todavía no éramos mexicanos— por su origen y creencias judías. La comunidad judeo conversa de Nuevo León vio morir en la hoguera a 46 de sus miembros en la Plaza Mayor de la ciudad de México (8/Dic/1596).
Hubo algunos otros procesos en los que judíos novo-hispanos fueron asesinados (1601, 1603, 1649) y muchos, pero muchos más, sufrieron tormentos y despojo de sus bienes, baste decir que entre 1620 y 1650 más de doscientos judeoconversos son enjuiciados y en 1649, son llevados a la hoguera 109, Según narra el historiador Werner Keller). Solamente Gonzalo Gómez, un judío del actual Estado de Michoacán, logró escapar de ser quemado. Claro, sus muchos bienes le sirvieron para comprar “la benevolencia” de las autoridades clericales de la época.
Los procesos contra la comunidad judeoconversa de Monterrey (gobernada por Don Luis Carvajal y de la Cueva), sirvió para que las demás comunidades judías de la Nueva España se encerraran en su mundo aceptando el catolicismo exteriormente, y poco a poco hasta llegar a la asimilación, así como la práctica de la endogamia para evitar las delaciones de los extraños. Tanto la comunidad de Monterrey como las de Los Altos de Jalisco, Nuevo México, Taxco, Veracruz, Zacatecas, Pachuca, Guanajuato, y por supuesto, la ciudad de México, con el paso del tiempo se integrarían del todo al resto de la población lo que nos indica que cuando menos 10 millones de mexicanos tenemos sangre judía hispana o portuguesa (o ambas).
La amenaza de la impía y corrupta Inquisición se terminó con la Independencia de México. De entonces a la fecha los mexicanos no habíamos vuelto a tener una expresión de odio tan vulgar (e intencionada con fines políticos) como la manifestación del pasado viernes (inicio de la Fiesta de Rosh Hashaná—Año Nuevo).
Su aparición, queda claro, que fue promovida y financiada por razones políticas en las que la división y el odio son parte de su discurso polarizador. Divide y vencerás; reza la vieja sentencia, razón obligada para que el gobierno investigue quién dio los dineros y medios para que menos de un centenar de atarantados e ignorantes vinieran a gritar consignas “contra los judíos”, aunque si les han dicho que lo hicieran “contra los rusos, los yanquis, o los marcianos” lo habían gritado. No era convicción. Era cosa de dinero.
Durante la época de mayor horror en Alemania y Europa, Hitler y sus huestes de fanáticos resentidos se levantaron con violencia contra todo orden legal establecido, asesinando, despojando e imponiendo un régimen de terror, para lo cual la división y la violencia estuvieron presentes todo el tiempo. Todo régimen totalitario utiliza la división y el odio para obtener sus ilícitos y condenables fines. Hitler la enderezó principalmente contra los judíos, primero de Alemania, y luego contra los de toda Europa, asesinando, torturando y despojando de todos sus bienes y dinero a más de 6’000,000 millones de judíos europeos. Un horror racial jamás visto y que por supuesto no podemos ni debemos permitir que se repita ¡NUNCA MÁS!
Los atarantados que utilizaron para la manifestación frente a la sinagoga de la Colonia Polanco en la ciudad de México, era evidente que no tenían la menor idea de lo que estaban haciendo, mucho menos entendiendo la trascendencia y significado del hecho (gente tan ignorante que la bandera de Palestina la portaban al revés). Pero él, o los que los mandaron, sí lo sabían.
Ahora bien, conociendo la mentalidad perversa y rústica de Andrés Manuel López Obrador, quien dicho sea de paso utilizó los mismos métodos de Hitler para hacerse del poder (lo señalo en mi libro “DE LA ALEMANIA NAZI, AL MÉXICO DE LÓPEZ OBRADOR”), molesto con Claudia Sheinbaum por la manera que ha conducido al país, es probable que —no se asegura nada— pretendiendo quitar a la presidenta en el tiempo más corto posible para poner algún lacayo a sus órdenes, hubiera promovido a través de terceros semejante desatino y ruindad.
Desatino que desde todos los ángulos además de condenable, NO PODEMOS, NI DEBEMOS PERMITIR QUE QUEDE IMPUNE, NI QUE SE VUELVA A REPETIR JAMÁS… ¡JAMÁS! El gobierno de Claudia Sheinbaum está obligado a investigar hasta dar con el (los) culpable(s).
El autor de semejante canallada pretendió por un lado dividir a los mexicanos y sembrar odio (buscando chivos expiatorios), así como allanar el camino al derrocamiento del orden legal para eliminar a “la judía” que ocupa la presidencia de México. Sin embargo, él, o los perversos que lo hicieron, olvidan y pasan por alto muchas cosas: 1) Que México y los mexicanos vivimos y deseamos un estado de derecho, 2) Que aun los que no votamos por Sheinbaum la apoyamos para que siga al frente del poder ejecutivo pues los votos le concedieron semejante responsabilidad, 3) Que no queremos ni permitiremos que los caprichos de un demente al estilo Hitler pretenda adueñarse ilícitamente de México y del destino de los mexicanos (no somos ganado marcado con hierro).
Eso, por un lado, por otro, la dignidad del judío como la de cualquier otro ser humano tiene que ser respetada y el estado mexicano obligado a protegerle. No hay mexicanos de primera y de segunda.
Finalmente, y aunque esto no le guste a los ateos de Morena, la inmensa mayoría de los mexicanos es cristiana (católica) y, por si no lo saben, el cristianismo no es otra cosa que la versión gentil del judaísmo (entendido y practicado desde culturas diversas). De manera que a judíos y cristianos nos creó el mismo Dios, confiamos en el mismo Dios, nos basamos en el mismo mensaje y, pasaremos juntos la eternidad en su Reino. Reino en el que la maldad de muchos políticos, ni la violencia de los criminales tendrá cabida, y, no quisiera decirlo, pero los que no creen en el Dios de judíos y cristianos pasarán la eternidad en el Infierno, donde los malvados de todos los tiempos convivirán para siempre. ¡Cierto, son palabras y conceptos que ya no se leen o se escuchan —y menos en un espacio periodístico—, PERO QUE ESTÁN VIGENTES desde que fueron expresadas por los voceros de Dios!
¡Hasta el próximo sábado si Dios nos permite!
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